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MÓDULO III. Las políticas de igualdad de oportunidades

1. La igualdad en el mundo

Los datos comentados hasta el momento delatan que la igualdad real sigue siendo un sueño por cumplir, a pesar de los intentos que organismos internacionales, comunitarios, nacionales, autonómicos y locales están llevando a cabo desde hace décadas.

Numerosos informes y estudios, internacionales y nacionales, corroboran esta desigualdad en diferentes ámbitos, también en el laboral. En este sentido, por ejemplo, el Banco Mundial presentó en febrero de 2019 el informe Mujer, Empresa y el Derecho 2019: Una Década de Reformas, una investigación realizada durante 10 años que concluye que, aunque hay avances, «las mujeres enfrentan dificultades en el ámbito de los derechos laborales».

Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó en marzo de 2019 el informe A quantum leap for gender equality: for a better future of work for all que analiza el mundo del trabajo con perspectiva de género y donde se constata, una vez más, la desigualdad en el ámbito laboral. En dicho informe, se advierte, por ejemplo, no solo de los obstáculos tradicionales que tienen las mujeres en este sentido, como la maternidad, sino también los que los nuevos tiempos han traído consigo o podrían traer consigo, como la especial incidencia de la automatización/robotización en sectores feminizados o el ciberacoso.

La Vanguardia, 7 de marzo de 2019

El País, 9 de octubre de 2018

A modo de ejemplo, y según los datos proporcionados por la ONU , la desigualdad entre hombres y mujeres arroja las siguientes cifras:
  • Por término medio, las mujeres siguen ganando un 23% menos que los hombres en el mercado de trabajo.
  • La tasa de participación de la mujer en la población activa es del 63%, mientras que la de los hombres es del 94%.
  • A pesar de su creciente presencia en la vida pública, las mujeres se siguen haciendo cargo 2,6 veces más que los hombres del cuidado (no remunerado) de personas y del trabajo doméstico.
  • En el mundo existen 122 mujeres, entre los 25 y 34 años, viviendo en extrema pobreza por cada 100 hombres del mismo grupo de edades.
  • Una de cada cinco mujeres y niñas, incluido el 19% de las mujeres y las niñas de 15 a 49 años, han sufrido violencia física y/o sexual por parte de una pareja íntima, durante los últimos 12 meses.

Y en cuanto a la representación política:

  • Solo el 24,3% de los miembros de los Parlamentos en el mundo son mujeres.
  • Solo 10 mujeres ocupan alguna de las 193 presidencias del Gobierno en el mundo.
  • Solo 9 países tienen un 50% o más de presencia de mujeres en los Gobiernos.
  • De cada 5 ministros en el mundo, solo 1 es mujer

Siguiendo con toda una trayectoria de décadas en pos de la igualdad, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó ONU Mujeres en 2010 , la Entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer. A día de hoy, ONU Mujeres tiene un papel relevante a nivel mundial, entre otras cuestiones porque coordina, promueve y evalúa todo lo concerniente a la transversalidad de género en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y, más específicamente, el Objetivo n.º 5, dedicado en exclusiva a la igualdad de género.

Precisamente, ONU Mujeres resume (y conecta) de la siguiente manera todas las desigualdades que sufren las mujeres a nivel mundial: «la desigualdad de género es un fenómeno generalizado en el que las mujeres carecen de acceso a empleo decente y enfrentan diferencias salariales por motivo de género. En todo el mundo, las mujeres y niñas son privadas sistemáticamente de acceso a la educación y a la atención de la salud, están subrepresentadas en la adopción de las decisiones económicas y políticas y son víctimas de la violencia y la discriminación».

En consecuencia, la desigualdad de oportunidades de cualquier tipo, y en concreto entre los sexos, tiene muchas consecuencias negativas para las empresas, la economía, los países y para la sociedad en general. Por descontado, también para las personas directamente afectadas por esa desigualdad debido a la baja calidad de vida y al empobrecimiento que conlleva, realidad que se focaliza de manera más acusada en las mujeres, independientemente del lugar donde vivan, y que ha dado lugar al concepto de feminización de la pobreza.

El problema de la desigualdad en el acceso y permanencia en el empleo radica en que la mayoría de las mujeres o no tienen contrato, aunque estén trabajando (servicio doméstico, economía sumergida), o lo tienen bajo la modalidad de «a tiempo parcial». Como consecuencia, perciben un salario menor y una baja cotización que, además, tendrá un impacto negativo en el futuro, por ejemplo, en la cuantía de la prestación por desempleo en el caso de ser necesaria o en la pensión de jubilación al final de la vida laboral, disminuyendo con ello su calidad de vida.

Aunque la ONU lidera internacionalmente la lucha en contra de la desigualdad, no es la única organización que apuesta por la igualdad. A nivel europeo, existe toda una serie de normativa comunitaria, jurisprudencia y actuaciones que han incidido en la igualdad de género. En 2010, por ejemplo, se creó el Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE), una agencia de la UE que trabaja por hacer realidad la igualdad entre mujeres y hombres . También existe un Comité consultivo para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres con el fin de realizar acciones para garantizar y promover la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

En los últimos años y a nivel nacional, otros países están llevando a cabo acciones para incorporar mujeres a los cargos directivos, como en el caso de Alemania (donde desde 2005 gobierna una mujer, la canciller Angela Merkel), o eliminar términos sexistas de la documentación administrativa como la referencia «mademoiselle» (señorita) de los formularios oficiales en Francia.

En el caso de España, teniendo como base el principio de igualdad y no discriminación consagrado en la Constitución de 1978, ha sido pionera en iniciar acciones para combatir la desigualdad a través, entre otras, de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de Marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.

En 2008, un año después de la aprobación de dicha ley, España creó por primera vez el Ministerio de Igualdad y, desde entonces y aunque englobado desde 2010 en diferentes Ministerios, ha continuado marcando las políticas de igualdad en el país y velando por la igualdad de oportunidades para todas las personas, por la erradicación de la violencia de género y por la aplicación de la Ley de Igualdad, a través del Instituto de la Mujer, organismo autónomo creado en 1983 y adscrito actualmente al Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad.

Por último y a día de hoy, en Melilla contamos con la Consejería de Educación, Cultura, Deportes, Festejos e Igualdad, así como con una Viceconsejería de Cultura, Relaciones Interculturales e Igualdad. Por su parte, también existe el Observatorio de Igualdad creado en 2010 «con la finalidad de velar e impulsar la aplicación del principio de igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres en la sociedad melillense».

 

2. Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres

La ONU, entre otros organismos, remarca que «las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial y por consiguiente la mitad de su potencial. La igualdad de género, además de ser un derecho fundamental, es imprescindible para lograr sociedades pacíficas, con pleno potencial humano y desarrollo sostenible. Además, está demostrado que el empoderamiento de las mujeres estimula la productividad y el crecimiento económico» .

Y esta igualdad es para todas las personas: mujeres, hombres, de cualquier raza y origen, mayores de 45 años, personas con discapacidad o diversidad funcional... Mujeres y hombres somos biológicamente diferentes, pero esa diferencia no determina ciertas actitudes y aptitudes, porque estas se pueden modificar.

En el contexto social, las mujeres, que constituyen más de la mitad de la población, han sido invisibles para la sociedad durante mucho tiempo, habiendo sido excluidas deliberadamente del espacio público (también del mercado de trabajo) y relegadas al ámbito doméstico y al trabajo reproductivo y de cuidados (no remunerado por el sistema económico). Desde hace ya varias décadas, sin embargo, las mujeres han ido accediendo al trabajo remunerado, pero tienen mayores dificultades de acceso, permanencia y promoción en el mercado laboral, así como condiciones más precarias, que los hombres.

Por estas razones, el 22 de marzo de 2007 se aprobó la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (LOIEMH), más conocida como Ley de Igualdad, con el objeto de «hacer efectivo el derecho de igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres en particular mediante la eliminación de la discriminación de la mujer, sea cual fuere su circunstancia o condición, en cualquiera de los ámbitos de la vida y singularmente en las esferas política, civil, laboral, económica, social y cultural» . Se trata, sin duda, de una legislación que supuso un gran impulso para la igualdad efectiva, a pesar de la dificultad de la implementación real de todos y cada uno de sus artículos.

A pesar de llevarlo implícito, la LOIEMH no define el concepto de igualdad de oportunidades, pero sí, en cambio, el principio de igualdad de trato, que supone la ausencia de toda discriminación, directa o indirecta, por razón de sexo y, especialmente, las derivadas de la maternidad, la asunción de obligaciones familiares y el estado civil.

Por ello, y a pesar del carácter transversal de la norma, lo cierto es que ha tenido una especial incidencia en el ámbito laboral, donde resulta más fácil encontrar derechos y obligaciones que generan discriminación y falta de oportunidades. Tal es el caso de la utilización de un lenguaje excluyente o sexista para uno u otro género, la selección de personal basada en roles de género, o los despidos que aún hoy en día se producen cuando una mujer comunica su embarazo.

En su día, las novedades más importantes que introdujo la Ley en nuestro ordenamiento fueron:

  • El reconocimiento de un permiso y una prestación por paternidad de 13 días. La creación de una Comisión Interministerial de Igualdad entre Mujeres y Hombres, de las Unidades de Igualdad en cada Ministerio y del Consejo de Participación de las Mujeres.
  • La utilización de un lenguaje no sexista por los poderes públicos.
  • La introducción de la variable sexo en la elaboración de los estudios y estadísticas de la Administración.
  • La creación de un Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades.
  • La obligación de evitar toda discriminación en el acceso y suministro de bienes o servicios.
  • La concreción de los planes de igualdad en las empresas y el establecimiento de medidas específicas para prevenir el acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el trabajo.
  • La mejora de la prestación por maternidad por parto de 42 días de duración para las trabajadoras que no tienen cotización suficiente y la prestación económica por riesgo durante el embarazo.
  • La protección del riesgo durante la lactancia, con la correspondiente prestación económica.

Otro de los aspectos más destacados de la Ley ha sido, sin duda, el concepto de la «representación equilibrada» de ambos sexos en la composición de los órganos de representación. Este es un aspecto particularmente importante ya que se ha creado toda una corriente de pensamiento alrededor. La LOIEMH habla de «presencia equilibrada» y no de «cuotas» ni de «paridad», estableciendo en la disposición adicional primera lo siguiente:

«A los efectos de esta Ley, se entenderá por composición equilibrada la presencia de mujeres y hombres de forma que, en el conjunto a que se refiera, las personas de cada sexo no superen el 60% ni sean menos del 40%». Disposición adicional primera. Presencia o composición equilibrada.

En definitiva, la Ley supuso un avance para España que, como se ha comentado con anterioridad, ejerce de modelo para otros países europeos y latinoamericanos en materia de igualdad; ha ampliado y difundido el concepto de responsabilidad social; ha avanzado hacia la corresponsabilidad en el ámbito de la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; e introdujo mejoras muy importantes en nuestro ordenamiento jurídico.

Sin embargo, y más de 10 años después de su aprobación, «las medidas (…) obtuvieron resultados discretos, cuando no insignificantes, lo que contraviene la propia finalidad de la citada ley orgánica», según reconoce el Real Decreto-ley 6/2019, de 1 de marzo, de medidas urgentes para garantía de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación , que profundiza en la línea marcada por la Ley Orgánica de 2007.

Al margen de todo lo relativo a los Planes de Igualdad, algunas de las medidas más relevantes de dicho RD son las siguientes , por ejemplo:

  • Cambios de conceptos: se introduce «prestación por nacimiento y cuidado del menor» y «corresponsabilidad en el cuidado del lactante», en lugar de prestación por maternidad y por paternidad.
  • Se amplía el permiso por nacimiento y cuidado del menor para el progenitor distinto a la madre biológica progresivamente, de la ampliación de 8 semanas para 2019 hasta las 16 de 2021, siendo las seis primeras obligatorias.
  • Despido: se refuerza la posición de la mujer trabajadora
  • Se declarará nulo el despido de un trabajador o trabajadora que, tras haberse incorporado a su puesto de trabajo tras el permiso de nacimiento, guarda, adopción o acogimiento, sea despedido antes de que transcurran doces meses de este (si no concurre causa).
  • Se incorporan medidas de ayuda a las trabajadoras autónomas, como la bonificación de las cuotas.

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